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Siempre sorprende, y dar gracias a Dios por su creación es casi un ritual, las cosas aquí son iguales pero diferentes: las montañas son huecas, los lagos subterráneos, las playas pueden ser negras y los prados no tienen hierba ni flores. En este paisaje casi prehistórico de una belleza muy peculiar me encuentro bien, me encuentro libre, hace que nazcan sentimientos tan contradictorios, cariñosa soledad, frío gozo, cálida nostalgia... nostalgia a la vida que dejaste atrás y a la que vendrá. Lanzarote es única, extrema, isla que pertenece al mar y al viento, en continuo movimiento, en continua calma... Te invita a la reflexión. Toda ella es pura armonía, las olas de su mar, el movimiento del viento, la arena de sus playas, el color de sus montañas, la fuerza de sus noches... Si paseas por ella comprendes por qué Lanzarote es Reserva de la Biosfera.Todo sorprende, desde la playa de arena negra de Janubio, hasta Las Salinas y las formaciones rocosas esculpidas por el mar, conocidas como Los Hervideros. En el Golfo ya se está casi dentro del Parque Nacional de Timanfaya, con sus enormes prados de lava negra. Todo está condicionado por la climatología y las erupciones volcánicas que hace años cubrieron la isla de cenizas. Las viñas de la Geria que dan exquisito vino blanco a Lanzarote, y las higueras, inolvidables testigos del fuerte viento y calor. Unos parajes que te condenan de por vida a pensar en ellos y regresar. |